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2 de noviembre de 2011

A veces deliro



A veces creo en elefantes de colores, oigo a los globos azules criticar a los rojos y me desconcierto al ver algodones en el cielo, me imagino perdiendo los sueños, perdiendo el asombro y cierta inocencia, temiéndole a la falta de utopías, a la ausencia de esperanzas, a la quietud.
                A veces miro durante una infinidad de segundos esos frágiles cristales cayendo del cielo, veo con cierto desprecio las flores de plástico mientras arranco con descuido a una verdadera. Construyo puentes hacia inimaginables sueños pero siento la fragilidad de los mismos para cruzarlos o me miento creyéndola sentir.
                A veces camino interminables horas siguiendo aquella frase tan repetida y sabia “caminante no hay camino que no se haga al andar”. Busco en los desiertos agua y pencas en los oasis, me abrigo del calor y practico la inversa con el frio.
                A veces a falta de tacto me quedo absolutamente inmóvil, esperando por lo menos algún impulso el cual en tan larga pared acerté de lleno a esa pequeña abertura del tamaño de una puerta.
                A veces escribo cosas incoherentes porque entre tantas incoherencias considero alguna puede tener coherencia, ¿o no?... ¡qué sé yo! Pero por las dudas quiero creer ciertas cosas.
                A veces hago garabatos sin importancia, como una manera de pasar el tiempo.
                A veces voy, solo voy,  otras soy, solo soy... otras no soy ni voy y están aquellas en las que prefiero quedarme en aquel extraño paradigma resolviendo sistemas de infinitas soluciones con la rara necesidad de ir una por una

10 de septiembre de 2011

sueños desvanecientes


Tal vez el sueño dejo de existir, sometidos quedamos al alcance de la realidad.
Sin oponer resistencia muchos se entregaron, no esperaron a estar arrinconados por la realidad, no intentaron ni fueron capaces de huir de ella refugiándose sueño tras sueño. Prefirieron y desearon, quizás, no caer en la incertidumbre, ni menos en el miedo a ser descubiertos. Solitos ellos se entregaron, unos pasos (tal vez vacilantes) solo bastaron y sus sueños se extinguieron desparecieron… Quedaron aquellos quienes si opusieron resistencia, de todas las descabelladas formas arriba nombradas, manteniendo despiertos nuevos sueños, alimentándolos, abrigándolos, con aquella esperanza que un día los sueños ya gestados, ya crecidos, ya fuertes y más vivos que nunca sean quienes se enfrenten a la realidad y la realidad se transforme en esos sueños, si quizás la mismísima realidad este esperando eso, este esperando por algún sueño el cuál deseoso se decida a incorporarse a ella para convertirla en sueño y en realidad, en realidad y en sueño, ambos entrelazados, inseparables, dándonos todo a nosotros y negándose a arrebatarnos los nuevos sueños y las nuevas sonrisas