4 de junio de 2017

Poema XVII

Juego a apretar el gatillo,
caricia gaucha, la algarroba.
Dibujamos pañuelos en polen,
la flor marchita, la flor naciente.
El hormigueo en mi semblanza,
las reglas a ser necesitan dos

Entrecortado está el viento,
acción y acto cumplen perpetúa.
Cerramos los ojos y bailamos,
escuchamos, sentimos, volamos.
Oculto el paso del caracol
y lejos los girasoles al sol.

21 de abril de 2017

Uno

Debí haberla llamado esa mañana.
Ayer intentó fugarse,
con pasos sordos de porcelana.

Fue a finales de los fríos comienzos de las flores,
empujados por el naufragio del olvido
-Hay destinos que se hacen de dos-

En la penumbra, con mis ideas borrosas,
tejo y destejo la trama.
¿Se acabó la tinta o se cerró el telón?


El reloj me da la hora al revés,
y cuestiono
¿procede el punto al párrafo?



Por Juan Gregorio Rivas

10 de marzo de 2017

Poema VII

Poema VII

Fugaces, entre suspiros y relámpagos
como perdidos mirando la piedra.
Colibríes por accidente
nos miramos pensando en flor.


Hoy en la antesala del telar
escapo a la rueda.
Pienso en plural la negación
y la extensión.


Poema IV

Ser eterno, a cuenta gotas
Vivir dentro de un horizonte azul cristal,
caer y caer.

Atrás  del arrayan
un trazo sobre la tierra
vuela y vuelan latidos.

Su mirada muda,
pausada y penetrante.
una tempestad puede pasar
en su profundidad de ser
sin inmutarse.

Golpes secos de la tierra,
El chiflido del viento en su rostro,
pieles secas y sudor


Todo lo invade esta mezcla:
soledad y melancolía
en contra del mundo que perece

5 de agosto de 2016

Te para tres

5 A.M.


La brisa helada, las notas cálidas
viajo esperando un encuentro, sin adiós.
Un viajo tango ronco me canta
sus penas de madrugada
-me abrigo por parpadeos
y el hielo del fernet entumece mis labios,
el saco me espera, estrujado en la silla,
mientras contemplo sombras sobre luces rojas -
La brisa helada, las notas…
sonámbulo entre cemento y jungla.
destentillado juego - ¿O fatigado?
a los desencuentros

Ser árbol.

Me convierto en árbol, en porcelana fría, artesanías olvidadas en la tierra, en pullover, en lana de vicuña, de llama, en bordado que deviene a poncho, a trapo y vuelve a la tierra donde nace el árbol.
Soy árbol, alegría, nube y agua que cae, surca montañas y se vuelve arroyo; ríos que alimentan árboles.
Mi esencia: algarrobo, caldén o chañar, en el fruto que las paisanas transforman a arrope. De dulce a higo, a higo del árbol, al que me convierto para lavar mis penas y mi soledad.
Soy el árbol solitario, rodeado de gente, de otros árboles. Soy el árbol citadino, al que no miran, de poca importancia. Soy árbol de parque, egoísta, imprescindible, luego desplazado por otros árboles bellos, muerto por hachas.
Me convierto en árbol triste… en sonrisa.
Soy árbol de bosque rodeado de más árboles, árbol que brilla, canta y danza.
También me convierto en rima, en canción. Soy melodía de la guitarra, del bandoneón y del violin. Vuelo de la chacarera al tango, soy zamba, zamba del algarrobo, de su pan y de su pueblo tapado, excluido.
Arbol que ajusticia y dignifica. Planta, mazorca, humita o locro. En guiso para llegar a cada hogar, y sentir labios curtidos o labios suaves. Escucho suspiros al llegar o al irme.
Me siento solo y acompañado, también amo, peno y río. Me convierto en árbol, en vida, en amistad. Quiero ser abeja y polinizar el girón de la flor, caldén, quebracho, chañar, llama, vicuña, guanaco y puma de nuestros pagos y nuestro sol.
Soy árbol, soy vida, soy yo: Sergio que siente y vive, que ama. Instante y eternidad, efímero como las hojas del otoño, como la vida del árbol en primavera.
Soy vida, soy árbol, soy yo, agua o rio, vasija y poncho, lana, soy árbol y soy yo.

Texto 2.

Flotan burbujas en el aire denso, se esconden mentiras en la noche. Entre chismes, pasquines y distopias asaltan al conejo de Alicia. El reloj cayó y se golpeó en el lacio oscuro, en los rulos que sonríen, en la zamba que espera lejos y es recordada en el brillo del cristal destrozado.
Las manos dejan escurrir la arena, que vuelva al mar, al horizonte, al sol que abraza a la tez trigueña, delicado castaño. Resiste a la leve brisa y a sus rumores o sus trampas. Se juega el pellejo en cada mano que engaña y revira mirando sereno, altivo y confiado.
Un solo título, una letra ponderando mensajes que agachan a leones, elefantes y comadrejas. Añora cuando el eco volvía limpio y sincero.
Actúo ciego, en praxis renovada que florece en primavera, en el camino del Inca recordando glorias pasadas y sagradas.

Por último, levanta el pescuezo solo para repetirse palabras incesantes,  esperanzadoras y luchadoras con sabor a poco.

2 de julio de 2016

Poema de Bar

Velas, cervezas y penumbra
relucen tus destellos cálidos.
Absorto en tu comisura
sonríes, vuelo y sueño
-Te leo Cortazar, bajo un árbol
cierras los ojos
las olas calman mi susurro-
sonríes desde el allá.
Vuelvo, al bar, a su música.
nos separan tantas velas,
garabateo estas letras, la moza
el papel en la densidad
mi nombre cerca del fuego,
a la penumbra.


20 de marzo de 2016

Poema III

Intensa, misteriosa
Hoy tormenta anunciada
se cierra el capullo fuerte, aprisionado
dos puntos marcados con tensión

fuerte, apasionada
suspira el viento al algarrobo
hojas contra hojas
el Puma busca resguardo

Lento, sereno
delicado empieza el eclipse
la oscuridad en silencio
libres mueren, viven y duermen

7 de noviembre de 2014

Supongamos que Cortázar fue panadero.


Hola, quiero un kilo de pan miñón. No señora, no me quedan pero tengo este que se llama Rayuela, le puedo ofrecer un kilo del capítulo 1, recién salido del horno. También puedo ofrecerle Los Premios o el Libro de Manuel que están más doraditos. Deme el de Rayuela, ¿pero puede explicarme cómo se lee? Usted puede leer pan por pan mientras se los manduca o buscar la numeración correspondiente a cada uno de ellos en ese folletopan con instrucciones precisas.

Claro que en esta suposición no se piensa en los problemas emocionales con los que debe cargar el cliente, ¿Cómo comerse un bello poema? Algunos preferirían no comerlo y almacenarlo. Luego surgirían los coleccionistas de pan, tendrían habitaciones especiales preparadas para conservar los panes, ordenados en grandes cajas. A los coleccionistas con el tiempo se sumarían las subastas, 10000 pesos por el medio kilo de pan que contiene Lucas y sus pudores, 15000 por el capítulo 13 de Rayuela y algunas ediciones únicas alcanzarían precios descomunales. Ni hablemos de comerlos en plena plaza pública ya que habrían puristas del pan literario que lo repudiarían, a tal punto que lo compararían con robar y pedirían castigos, los jueces no les darían pelota y se armarían bandillas que harían justicia por mano propia, tirándoles huevos y reboleándoles el pan por la cabeza. De a poco se consolidaría la revolución cultural, gastronómica literaria. Los titulares de los diarios rezarían “Crecen las ventas del panadero loco y disminuyen las ventas de las librerías”.